Conquistar a una mujer casada o comprometida es un trabajo costoso en ocasiones. La pareja supone un handicap difícil de superar, porque, entre otras cosas, la mujer no tiene la libertad (y muchas veces ni las ganas) de conocer a otras personas en el terreno de la intimidad. Si has decidido conquistar a una mujer casada o con pareja, te prevenimos que te costará tiempo y esfuerzo.

 

El acercamiento

Acercarte a una mujer casada no es sencillo: sus horarios se complementarán con los de la pareja, dejando menos tiempo libre que pueda emplear en sus actividades. Además, no es posible acercarse a ella como a una mujer soltera: si intentamos seducirla bruscamente, se replegará y huirá despavorida, y no tendrás una segunda oportunidad. Lo más sensato es acercarse amistosamente (pero no demasiado, ya que sospecharía que hay algo más, y puede cerrarse en banda).

¿Qué hacer?

En este primer momento, averigua sus horarios y actividades, e intenta coincidir con ella en la calle, en el gimnasio, en el supermercado, en algún taller. Si se trata de una actividad lúdica (gimnasio, taller de cocina) tendrás excusa para entablar una conversación.

Si te dice que está casada o tiene novio, no necesariamente es una negativa a tus intenciones, sino que hace patente su situación de compromiso. No te disgustes ni muestres desinterés: esto sólo probaría que tus intenciones eran más que amistosas. Si no le das importancia al asunto, ella se relajará y será más fácil el acercamiento.

Si ya te has acercado al objeto de tu deseo, habéis entablado una conversación, aunque sea superficial, es hora de pasar a la acción. Eso sí, una palabra has de tener en mente: discreción. La situación lo exige y tú no puedes permitir que un agente externo (en forma de marido) coarte tus planes.

La conquista

Ante todo, nunca hables mal de su marido. Esta táctica sólo tendría el efecto contrario en ella, y le haría tener presente su matrimonio. El recuerdo puede llevar, fácilmente, al remordimiento, y te quedarías sin presa. Si tienes que nombrar a su marido o novio, que sea para alabarlo.

Tampoco presumas de tus posesiones (casa, coche, etc.). Ella tiene un marido/ pareja que cubre esas necesidades, y si se interesa en ti, las necesidades que no tiene cubiertas son las emocionales y/o afectivas.

¿Qué hacer?
Juega con tus ventajas, como las (supuestas) cosas que tenéis en común. Dale cariño, compréndela, escucha lo que dice. Tiene que verte como un cómplice, un amigo. Para ella tienes que ser una novedad refrescante: está acostumbrada a la rutina y a la vida del hogar. Puede ser que la comunicación con su marido/pareja no estribe ningún tipo de inquietud intelectual, o que necesite la divertida conversación de otra persona.

Puedes hacerle bromas graciosas, y llamarla, cuando tengáis la suficiente confianza, por un nombre o apelativo cariñoso que sólo vosotros conozcáis: chiqui, princesa, cosita… demostrará vuestra complicidad y la hará sonreír cuando lo recuerde. Usa el plural nosotros cuando te refieras hables con ella: es una palabra que genera empatía. Averigua, de manera indirecta, sus sueños, sus ambiciones en la vida, sus necesidades (puedes preguntare alguna de estas cosas de forma casual en alguna conversación, no todas en la misma). Así sabrás qué necesita y podrás adaptarte sutilmente a la situación.

Un consejo final

Si no te gusta demasiado la mujer, es mejor que no comiences con este juego, que puede ser largo y, tal vez, tener consecuencias fatales: en un momento dado, alguno de los dos puede esperar algo más de la otra parte y verse insatisfecho.